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Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades. La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta. La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que «el tiempo todo lo cura» es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta. La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad. La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.
 El nombre del viento, Patrick Rothfuss (via hachedesilencio)
“Eres como la vida misma…“ Me dijo mientras abría los ojos muy grandes y reía muy alto. Eres como la vida que estamos respirando ahora mismo. Mírate mujer, eres dulce y amarga. Cursi y fuerte cuando es necesario. Valiente porque has amado mucho y aun fallando, aun cayendo has seguido avanzando. Estás loca y lo sabes, pero tu boca sabe sonreír y tu vida siempre es poesía. Eres como la vida misma, suave y áspera, pero siempre enseñas algo, siempre aprendes. Eres como un caballito de Tequila, fuerte si te lo bebes de un trago, pero con un sabor exquisito cuando lo exhalas despacio. Te lo estoy diciendo yo, que te miro por fuera, pero seguro estoy que no necesitas una verdad diferente a la que tu corazón te grita todos los días. Eres como la vida misma y a ti hay que vivirte y morirte a diario. Apreciar tus atardeceres y llenarnos con tu amanecer. Eres como la vida misma y que ningún temeroso a vivir se acerque a ti. ¡Vida para quien quiere vida! Ahora déjame abrazarte mujer y vive la vida… vive vida.”
Hablando con Pericos, Mercedes Reyes Arteaga (via la-chica-de-adamantium)

(Source: la-chicadeadamantium)

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